¡Le habían quitado el trabajo!¡Cuánto intrusismo!
¡Pero qué pletórico se sentía ahora! Mariposas rosas le volaban en el estómago. Era el amor.
Mientras pensaba en cómo declararse a Psique, se sacó la dulce flecha de la espalda.
-Llevaré la corbata de corazones. Y le regalaré rosas.- pensó Cupido.
No salía de su asombro. ¿Cómo aquel insignificante gusano había podido herirle de muerte? ¡A él! ¡Era un insulto! ¡Imposible!
Trató en vano de agrupar sus tropas. Caballeros y damas yacían inertes.
Antes de que su armadura lo ahogara en sangre, aquel recuerdo último lo atravesó como una espada: un humilde peón gritando ¡jaque mate!
Subía el volumen de la televisión. Gritaban los tertulianos. Martilleaban mis vecinos de obras. Chillaban los niños.
Desafinaba la ciudad.
Derroche de decibelios. Ruidos agudísimos. Infierno auditivo. Caos.
Desenvainé mi arma secreta: un dedo vertical apoyado en mi boca.
-¡Sssshhhhhhhhh!!!
¡Victoria! Todo calló. Ahora descansaré tranquila.
No sabía dónde se metía. Atreverse a desafiar a Pivoman era un duelo demasiado arriesgado, al que sólo se atrevían los ilusos, que aún no habían comprobado su ira.
Quizá por eso pronunció aquellas palabras: “Los españoles tienen el corazón débil”. Y la furia incontenible se desató en cuestión de segundos.
Los viajeros del Slovensko Tour descansaban ya en Košice. Todo ocurrió en el Kelt, un lugar donde degustar buenos platos, como el Barbarian, apto para los más carnívoros. El Kelt albergaba un espíritu híbrido entre celta y medieval, una atmósfera de bancos enormes de tosca madera, calaveras, escudos y pieles. El grifo de cerveza nacía de una espada, clavada en la barra como Escalibur, esperando a un Arturo amante del lúpulo y la cebada. Pareciera que allí se reunirían montaraces encapuchados de mirada torva, para tratar asuntos secretos en lenguas olvidadas. Sonaba la música de “The lord of the dance”, y yo imaginaba.
Nos acompañaba Marienka, nuestra amiga eslovaca, que luego nos sirvió de traductora de la frase fatal sobre “el corazón débil”. Aquella camarera sirvió la mesa, y al recoger las jarras vacías abrió la caja de los truenos. Aquellas palabras en eslovaco provocaron la sonrisa de Marienka, que al principio no se atrevía a traducir. Tras insistirle, ella confirmó que la camarera pensaba que teníamos el corazón débil, al menos así se decía en Eslovaquia, porque creía que no aguantábamos mucho con la bebida.
Entonces Pivoman reaccionó como un huracán desatado, y pidió feroz un licor, el más fuerte que tuvieran. Nada de absenta, que ya lo había probado. Nosotros lo mirábamos corresponder al desafío, mientras la camarera le servía un chupito de Slivovica (licor de ciruela), otro de Hruskovica (licor de pera)... Pivoman los degustaba con corazón aguerrido... Al final ella tuvo que aceptar que el corazón débil se daba en otras latitudes, pero que no tenía nada que ver con mis compañeros de viaje.
Nadie temió a la camarera feroz, y todo terminó con una foto para inmortalizar el momento, que aún circula entre los viajeros como símbolo de victoria. Y colorín colorado, el cuento de la camarera feroz se ha acabado.
Se iba acercando el día. Los viajeros del Slovensko Tour 2005 veían cómo Košice estaba cada vez más próximo. Era la meta final del viaje, el lugar donde se despedirían, el sitio exacto en el que dirían adiós, llevándose de vuelta una mochila cargada de fotos y buenos momentos vividos.
Y llegó una tarde en que les tocó por fin subir la cuesta de Kalvaria, esa misma cuesta que la anfitriona viajera kosicera había tenido que subir tantas veces para ir a casa. Por el camino se dispersaban árboles y los pasos del Calvario (de ahí el nombre). Incluso había un campo de hockey junto a una iglesia, un campo de hockey que se ocupaba con la nieve, y que cada vez más usaban los niños para jugar al fútbol.
La calle Krupinská los recibió como se merecían; y aquel ascensor antediluviano y lento, pero que nunca tuvo averías, subió gustoso maletas y viajeros.
Tras aposentarse, repartir habitaciones, etc., el grupo masculino de los viajeros decidió salir a explorar la noche cervecera kosicera, aprovechando sin duda que la luna encendida de Košice les era propicia, y que dormiría pronto, pues el sol salía sobre las 4 de la madrugada.
A la vuelta de la escapada cervecera los chicos contaron su experiencia de contacto con el ambiente pivo-kosicero. A partir de aquí la reportera kosicera recurre a segundas fuentes, pues ella se quedó descansando en casa y no presenció todo lo que aconteció aquella noche en la Hlavna Ulica.
Según fuentes fiables, los chicos, encabezados por Pivoman, estaban tomando unas pivos en una terraza, cuando se les acercaron unos adolescentes nativos intentando entablar conversación. Recurriendo al inglés y al idioma internacional de gestos, lograron entenderse. Gracias a esta conversación consiguieron información valiosa acerca del ambiente kosicero, así como sobre el tipo de fotografías vegetales que pueden ponerse como fondo de móvil.
En un momento dado, sin duda animados por la pivo, el volumen del improvisado grupo fue subiendo. Menos mal que dos policías que estaban patrullando a pie la zona vinieron a poner orden en semejante jaleo internacional. Pidieron silencio. E inmediatamente fueron obedecidos por los adolescentes kosiceros, haciendo honor a su carácter natural de gente que habla bajo, en susurros inaudibles para quienes hablamos casi voceando.
Y esto es todo lo que la viajera sabe acerca de la historia. Doy pie a alguno de los protagonistas para que amplíe o corrija mi versión, que puede estar alterada por el tiempo o por mi tendencia excesiva a poetizar hasta con las piedras.
Hoy que tengo el día musical me ha dado por recordar dos canciones que aprendimos durante la clase de húngaro, en la Escuela de idiomas de Madrid. Que las disfrutéis.
Csillagok (las estrellas): http://es.youtube.com/watch?v=rb_ClPnaBgo
Iskolatáska (el bolso de la escuela): http://es.youtube.com/watch?v=tGxe2TA3ofw
En enero tuve un juicio contra Correos. Los demandé porque me enviaron rotos unos títulos oficiales originales, que mi familia me había enviado certificados, con acuse de recibo y en sobre acolchado de seguridad, que debería haberlos protegido.
Llegué a demandarlos porque, tras muchas llamadas al servicio de atención al cliente de Correos, no respondieron nunca a la reclamación que presenté en sus oficinas.
Ha salido la sentencia y han estimado parcialmente mi demanda. Me pagarán 30 € como reparación de daños, una tarifa fija que tienen para deterioro o pérdida de envíos certificados.
En el juicio la abogada alegó que para documentos importantes existe la declaración de valor añadido, cosa de la que nunca nos informó la funcionaria al enviar el sobre. Yo reclamaba más dinero por pago de duplicados (mis títulos están impresentables) y daños morales (llamadas de teléfono y reclamaciones ignoradas...).
Me he visto sola, sin explicaciones de Correos ni ayuda de la Oficina del Consumidor, al parecer, porque Correos es una empresa pública. Sólo me dejaron la posibilidad de llevarlos a juicio. El resultado del juicio no paga ni el disgusto por el destrozo de mis títulos, ni la impotencia al ser repetidamente ignorada por Correos. No hemos recibido una llamada de respuesta, ni una disculpa ante su error. Soy moralmente ganadora, pero a fuerza de insistir, de chocarme contra el mal servicio de Correos y la indiferencia de la Oficina del Consumidor.
He estado sola porque los consumidores estamos casi indefensos ante las empresas, que pueden cometer negligencias y que les salga casi gratis, en parte porque por falta de tiempo o cansancio, muchas veces no reclamamos. Es vergonzoso que tengamos que llegar a un juicio para que se respeten nuestros derechos.
De todo esto quiero recomendar:
-Revisad previamente a firmar el acuse de recibo de cualquier envío de Correos, para comprobar que no esté dañado, porque si no será más difícil demostrar su negligencia.
-Hay que denunciar para que se dejen de reír del consumidor como lo están haciendo ahora. Debemos ir hasta el final para que tomen en serio al que les da de comer. ¿Merece todo esto la pena? Creo que sí.

Fue un flechazo desde el principio, y cuando lo conocí no me decepcionó en absoluto. Lo confieso: aún sigo enamorada de su porte majestuoso. Antes de ir a Eslovaquia he había comprado una guía del país, más que nada para ir rellenando todos esos espacios negros que me abrumaban: ¿cómo era la gente?, ¿cómo eran los paisajes?... Las fotografías me iban hablando de lugares que podrían conocer mis pies y mis ojos, y mi cabeza se iba poblando de colores y formas de 3000 km. más allá. Me entretenía distraída entre página y página... cuando de repente me llamó desde una foto, y caí rendida como de un sablazo.
Era hermoso y fuerte. Era como un rebelde de corazón valiente que luchaba por salir a la superficie entre un mar verde y blando. Me lo imaginaba desafiando a los rayos con su espada, desde su trono antiguo de niebla (banda sonora de Braveheart de fondo ;-)
Y esperé pacientemente el día en que por fin lo vería. Seguro que subiría hasta él con la mirada hinchada de admiración y amor, y los siglos nos unirían a pesar del tiempo.
Así, tontamente, quedé prendada del Spišský hrad, uno de los castillos legendarios de Eslovaquia, Patrimonio de la UNESCO. Me había llamado la atención desde la primera vez que lo vi, y en el Slovensko Tour por fin lo pudimos visitar.
Habíamos comido unos palancinky deliciosos en el pueblo de Levoca. Le pedimos audiencia, y accedió a recibirnos aquella tarde.
Nos recibió orgulloso sentado en su monte, y para alcanzar sus paredes debimos subir una pronunciada cuesta entre los prados eternos de hierba. La subida era larga, pero se hacía agradable ir viendo cómo nuestras pisadas nos acercaban a esta joya gris y antigua. Mereció la pena, por la sensación que se respiraba allá arriba, de paz. Pese a sus grietas y heridas por los avatares del tiempo, el castillo respira poder y resistencia. Tras despedirme de él, pedí un deseo: “ojalá algún día pueda volver a visitar a mi amado”.

Siempre me han intrigado las cuevas, esas entrañas huecas que la tierra deja para respirar mejor. Son pulmones negros, lugares de silencio y secreto. Son la cuna del eco. Y se niegan a que el hombre termine de descifrarlas. En nuestro afán por catalogar y decodificar todo, las cuevas aún se resisten y se retuercen tercas. Es verdad que muchas sucumben al colmillo del turismo, pero todas nos engañan. En realidad, por mucho que excavemos, quedará siempre una parte de la cueva sin suciedad ni pisadas, y será una parte desconocida y de incógnito.
Y ese mismo desconocimiento me ataca con dos sentimientos que chocan: el primogénito miedo a la oscuridad y la benjamina curiosidad por dar un paso más.
Durante mi estancia en Eslovaquia, la curiosidad pudo más y tuve la oportunidad de sumergirme en el eco inmenso de Dobšinská Ladová Jaskyňa (cueva helada de Dobšinská). Tras pasar unos días en Polonia, el Slovensko Tour nos devolvía de nuevo a tierras eslovacas, concretamente a esta cueva mítica situada en el llamado “paraíso eslovaco” cercano a los Tatras.
El país es rico en contrastes naturales, en caprichosos precipicios y en cavernas horadadas por los siglos.
En esta ocasión, íbamos a congelar nuestro tiempo dentro de un témpano silencioso donde los relojes eran inútiles, y la ropa de abrigo, muy útil.
Dentro de la cueva helada los relojes eran tan inútiles que no recuerdo si estuvimos allí minutos u horas. Todo estaba detenido. Todo era una fotografía blanca, y yo, una simple mancha que rompía el silencio con su chándal rojo y negro. Si en algún tiempo lejano esta cueva fue habitada por una civilización perdida, seguro que su soberano era pálido y mudo, apenas un susurro que no llegaba a herir el hielo. Y seguro que caminaba descalzo, con pies inmunes al frío, para que la cueva no despertara de su hibernación.
Al salir retomamos el calor, y todo volvió a ponerse en movimiento. Y mi reloj volvió a funcionar con su tic-tac. De nuevo estábamos en el tiovivo del Slovensko Tour, andando camino de otros tesoros para los sentidos, camino del Spissky Hrad.
Un caramelo sin azúcar para sobrellevar el miércoles:
"Eran hermanas, pero muy diferentes. Con los años se pelearon y juraron olvidarse las unas de las otras. Pero quedaron mudas.
Terminaron entrando en razón y fueron subiendo una a una a la escala. Unidas eran más fuertes. La clave de Sol las saludo, y nació la Música."
Son días presumidos que destacan entre los días monótonos. Dejan atrás el gris pasado de moda y se visten de colores vivos. Son días especiales y como lo saben sonríen. Y ayer fue un día especial en el que recibí una noticia preciosa. ¡Qué mejor manera de animar mi blog lánguido que con un saludo de futuro!
Felicidades futuros papás. Un fuerte abrazo :-)
Os paso otro minicuento mío publicado en el blog de 55 Palabras:
Medidas contundentes:
Era bella, tanto que rogaban y mataban por ella. Su voz era antigua, fría, y al oírla los hombres enloquecían de júbilo.
Pero se hundió en el delirio y comenzó a castigarnos con húmeda saña.
Así que tomamos medidas contundentes: tras la última inundación, la señorita Lluvia permanecerá amordazada hasta nuevo aviso.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/