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El viaje hasta Kosice

Para venir hasta Kosice tuvimos que coger dos aviones. Desde España hay unos 2000 km aprox., y aunque hay varias combinaciones de avión, al final nos decidimos por volar de Madrid a Praga y de ahí hasta Kosice. Eso fue el viernes 4 de febrero, y la noche anterior habíamos estado preparando lo que iba a llevar en las maletas hasta la 1 de la madrugada, así que al día siguiente estábamos rendidos.
Cogimos un taxi a las 6 de la mañana porque el vuelo salía a las 7:50. Al llegar a Barajas, zombis por el sueño, facturamos el equipaje y fuimos a desayunar algo a la cafetería.
Y aquí viene la primera sorpresa de la mañana. Podíamos facturar como máximo 23 kilos por persona, es decir, 46 kilos en total, pues bueno, tuvimos un ojo fenomenal con lo del peso: ¡45,5 kilos! Sólo con que hubiera metido un jersey más me hubiera sobrepasado.
Al pasar la aduana nos despedimos de mi padre, que nos había acompañado, y fuimos hasta la Terminal que nos correspondía. El vuelo salió con un poco de retraso y, por fin, estábamos en camino. Al despegar sentí que el estómago se me encogía, no sé si por la impresión de despegar o por la emoción, eran como peces nadando en el estómago.

El vuelo hasta Praga fue muy bien, tranquilo, y no pudimos pegar el ojo, a pesar de que no habíamos dormido nada. El que si se quedó sopa a la primera de cambio fue un chico que iba a mi lado, que no reaccionó hasta que me vio abrir la guía de Eslovaquia que me compré. Enseguida nos dijo que él era de Canarias y que conocía estos países, así que estuvimos un rato charlando con él sobre su experiencia en la zona.

También nos dieron un desayuno con tortilla francesa, beicon y un postre con una naranja amarga o una fruta parecida que no me gusto nada. Nos entretuvimos con la música del discman y la revista de viajes que teníamos en el asiento, que estaba mitad en inglés y mitad en checo. Me la traje a casa de recuerdo y aquí sigue, criando polvo.

El vuelo duró casi 3 horas. Después de aterrizar fuimos a un café y al despedirme de la chica de la cafetería se me ocurre decir “Dovidenia”, que significa “Adiós” en eslocavo. Yo ahí, con todo mi acento de Burgos, haciendo mis esfuerzos, y resulta que la chica me responde con una cara de decir “chica, no sé qué habrás tomado para acompañar el café, pero te ha debido afectar a la lengua, porque no te entiendo un carajo”. Y resulta que luego me enteré que, aunque el checo y el eslovaco se parecen mucho, en decir adiós van ellos y ¡hala!, cogen y lo dicen distinto, vamos que no tiene nada que ver. Eso me pasa por hacerme la pedante.

Y ahora viene lo de mi “idilio” con el de la aduana En la aduana de Praga deben de tener más sensibilidad en los sensores detectores de metal, porque en Madrid no me había pitado y allí sí. En fin, que vino una señora con uniforme y un detector de metales en mano y me lo pasó por el cuerpo como si yo llevara la chatarrería de Juan de Dios debajo de la ropa. El chivato había sido mi cinturón.
Y luego va un pavo y en inglés me pregunta si hablo inglés, y yo, “sí, claro, ¿qué te crees tú? My Taylor is rich”. Resulta que por error había metido unas tijeras de manicura de 10 cm en mi neceser en una mochila pequeña que llevaba de equipaje de mano. Me dice que eso no se puede llevar.

Yo eso ya lo sabía de antes, porque he viajado varias veces en avi’on, pero una siempre puede despistarse, sobre todo estando hasta la 1 preparando las maletas. Le debí de dar pena porque me dejo con ellas, más que nada porque mis tijeras no servirían ni para diseccionar un mosquito. La duda que me queda es por qué las tijeras eran arma peligrosa y el pedazo paraguas de cachaba consistente y maciza que llevaba en mi mano no. ¿Alguien me lo puede explicar?

Cogimos el vuelo hacia Kosice a eso de las 2:30. El avión era mucho más pequeño que el Boeing con el que habíamos volado hasta Praga, y eso se notó mucho al despegar y girar el avión, porque lo hacía mucho más bruscamente. A mí me daba un poco de expresión, me agarraba al asiento y a veces le miraba a D como diciendo “tú me has metido en la lanzadera de la Warner sin mi consentimiento, guapito de cara”.
De todos modos, el vuelo fue muy chulo, porque desde arriba se veían todos los montes nevados, y las minúsculas carreteras sin nieve que, desde arriba, parecían cordones de zapato.
En este vuelo nos dieron una especie de sándwich de jamón york que estaba muy bueno, pero del que no sabía los ingredientes porque el sólo venía en checo. Prefiero no enterarme de los ingredientes.

Aterrizamos en Kosice a las 4:20 más o menos.
En fin, me he inspirado. Menudo testamento.
10/02/2005 15:30

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Autor: dani

Yo, a meterme con la respectiva... Bueno, espero que no se me enfade.

No sé cuándo llegamos a Praga, pero creo recordar que a Kosice llegamos a las 2.30 pm... o sea a las 14.30.

Fecha: 10/02/2005 15:47.



Autor: Aitziber

vamos que luego le sumas las 5 horas de viaje en tren y te pasas todo el dia de viaje. Qué odisea!
Dani, llegarias muerto a Madrid despues de un mini fin de semana en Eslovaquia, no?

Fecha: 14/02/2005 13:57.



Autor: dani

No te creas... al final cogimos una combinación que nos llevaba en avión directos a Kosice, así que no teníamos que coger tren. En total son unas 7 horas de viaje.

Fecha: 14/02/2005 16:12.


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