
Este fin de semana estuvimos mis compañeros y yo visitando a nuestros colegas Arantxa y Juan, de Žilina, una ciudad de unos 90.000 habitantes situada en el norte de Eslovaquia, muy cerca de la frontera con Polonia.
Salimos el sábado por la mañana (a eso de las 8.20) en un tren “rápido” y llegamos a Žilina a las 11.30 aprox. Allí nos esperaban nuestros compañeros y, después de dejar el poco equipaje que llevábamos en casa de Arantxa, nos fuimos a hacer turismo por ahí.
La ciudad me pareció bastante más moderna y desarrollada que Košice, aunque aún conserva numerosos de esos bloques de pisos horribles e idénticos construidos en época comunista.
Vamos, que aunque Košice sea la segunda ciudad del país, Žilina no le tiene nada que envidiar. A mí su casco histórico me gustó mucho más, más acogedor. Además, vimos por fuera el instituto donde dan clase nuestro compis, que es bastante moderno y según ellos tiene buenos medios (ordenadores, impresoras, folios…). En fin, varias cosas con las que nosotros sólo soñamos. El próximo finde vamos a Trstena o Nitra a ver a otros compis. Ya veremos.
La calle principal es peatonal y llena de tiendas como la de Košice. En la plaza central, además de varios monumentos, hay un lugar del suelo de piedra donde, al acercarse y dar palmas, el ruido se amplifica y resuena en buena parte de la plaza. Eso es lo que dicen y, según comprobé, es cierto.
También fuimos a ver el castillo de Budatín, situado a las afueras, en plena naturaleza, cerca del río Váh. Este es un paseo que merece la pena. Rodeado de árboles, campas y pequeñas casas, el castillo de Budatín no es espectacular como otros castillos de Eslovaquia, pero está muy bien integrado como en un cuadro bien pintado.
En invierno, cuando el río Váh se hiela, juegan a hockey, y se puede andar por la superficie helada como una pista de patinaje, como hicieron mis compañeros, y como me habría gustado hacer a mí.
El tiempo no acompañó. Ayer llovió bastante y con mala leche. Cuando entrábamos en algún sitio para comer o tomar algo dejaba de llover, y al salir empezaba a jarrear, hasta que ni compi Juan se compró un paraguas, y desde entonces dejó de llover ;-)
Lo hemos pasado bien, pero siempre sabe a poco, como todo lo bueno. Ojalá vuelva algún día a ver a la encantadora Žilina.