Como lo poco gusta y lo mucho cansa, voy a concluir por ahora con los recuerdos de los Tatras escribiendo sobre tres caramelos. Pero antes vamos a definir "caramelo".
Caramelo= Anécdota más o menos curiosa que se puede contar en pocas líneas y deja un recuerdo más o menos dulce, dependiendo del azúcar del momento.
Durante la visita a Belianska Jaskyna los compañeros nos habíamos separado y según íbamos saliendo nos esperábamos. Bueno, pues salió todo el grupo y la guía... pero uno de nuestros compañeros no aparecía. Sabíamos que iba rezagado porque le dolía la rodilla. ¿Pero dónde estaba? La respuesta vino pronto: se había quedado sacando fotos y al ir más lento la guía salió pensando que llevaba a todo el grupo delante. Apagaron las luces que iluminaban la cueva... y mi compañero tuvo que hacer el camino restante hasta la salida a oscuras, tanteando las paredes. A mí me sucede eso y me da un pasmo.
El tren que nos llevaba a mi compañera y a mí de vuelta a Kosice salía de Poprad-Tatry. Mis otros dos compañeros volvían en coche a Nitra, así que poco antes de la salida del tren queríamos ir a tomar algo. Vimos un bar cerca de la estación y allí fuimos, con mi compañera encabezando el grupo. Entró en el bar y todos la seguíamos, pero se dio la vuelta de la misma: el bar estaba repleto de soldados con pinta de no haber visto a una chica en meses. Uff!! Sin comentarios.
Y ya en el tren, una de tantas anécdotas con la gente que comparte compartimento, con la que casi siempre terminábamos hablando. Tengo buenos recuerdos de esos viajes. En el compartimento, aparte de nosotras, había un chico joven y bastante guapo vestido con pantalones cortos y camiseta, que no dejaba de mirarnos fijamente y sin ningun reparo. A su lado, una niña idéntica a él, también mirándonos fijamente (yo llegué a decir que parecía la niña del exorcista). Nosotras hablando en castellano, de cachondeo, sorprendidas del descaro con que miraban, y maquinando cómo entablar conversación. Bueno, pues de la manera más tonta empezamos a hablar con la niña, y enseguida se unió el chico. Que si no entendía español pero su padre lo había estudiado, que si era de Kosice, que si patatín, que si patatán. Hasta que le preguntamos por su hermana, esa niña de la mirada fija que estaba a su lado. Y mira tú por dónde que va el chico y nos dice que... no era su hermana, que era su hija. Desde entonces le bautizamos como "el eslovaco precoz".
Autor: indarki
Fecha: 11/11/2005 18:40.
Autor: El abominable hombre de los Tatras
Fecha: 13/11/2005 11:52.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/