
Definitivamente, ya no hay remedio. Hace más o menos mes y medio que padezco de Aligatormanía y no conozco la manera de curarme. Y lo peor es que todo comenzó de la manera más inocente: algunos profes estamos viajando a Bratislava una vez al mes para trabajar en un proyecto de publicación de apoyo a nuevos profesores. Yo me animé a colaborar con los de lengua y lite, porque además de la experiencia te sirve como mérito para oposiciones. Ilusa de mí, caí irremediablemente en la trampa, y ahora padezco de Aligatorfever crónica.
El caso es que por las mañanas trabajamos (o eso intentamos) en el proyecto. Nos juntamos unos cuantos en dos grupos, de letras y de ciencias. Hemos ido ya dos findes, y ha ido bastante bien, aunque no he hecho mucho turismo por Bratislava, al menos durante el día ;-)). Lo que sí conozco de la capital es su ambiente nocturno, o más bien, el ambiente de un bar en concreto, llamado Aligator.
Hemos ido un par de veces, y lo hemos pasado muy bien. Nos gusta bastante la música que ponen (en general), y el ambiente con la gente es muy bueno. Además, para los pirómanos, amantes del mechero y demás fauna ibérica y eslava, tiene un curioso aliciente, aunque peligroso: a las 12 de la noche o así (aunque el otro día nos despistamos y lo hicieron a la 1) apagan las luces y queman controladamente una parte de la barra. Al mismo tiempo, ponen una música heavy que parece hasta satánica. El espectáculo dura unos 2 minutos. A cualquier persona sensata esto le parece muy peligroso. Yo estuve viéndolo desde la puerta por si acaso, porque aunque está controlado me da miedo el fuego.
El resto del tiempo el bar es normal, y nos gusta mucho; ya tenemos bastante cachondeo con el tema porque de las dos veces que he ido a Bratislava siempre vamos allí.
En fin, creo que un poco de Aligator fever en dosis moderadas no puede perjudicar a nadie; me parece que habrá más de un Lagarto Juancho por ahí que seguro que se anima ¿verdad?