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(Un breve paréntesis)
Nos dejó hace un mes y con ella han callado también sus historias. Nadie era tan capaz de unir sus recuerdos y hacerlos presentes, vivos como peces rojos nadando en el estanque.
Un día le dije que de su vida se podría hacer un libro, porque -estoy convencida- encadenando historias se muere menos.
Hasta siempre Antonia.
Como lo poco gusta y lo mucho cansa, voy a concluir por ahora con los recuerdos de los Tatras escribiendo sobre tres caramelos. Pero antes vamos a definir "caramelo".
Caramelo= Anécdota más o menos curiosa que se puede contar en pocas líneas y deja un recuerdo más o menos dulce, dependiendo del azúcar del momento.
Durante la visita a Belianska Jaskyna los compañeros nos habíamos separado y según íbamos saliendo nos esperábamos. Bueno, pues salió todo el grupo y la guía... pero uno de nuestros compañeros no aparecía. Sabíamos que iba rezagado porque le dolía la rodilla. ¿Pero dónde estaba? La respuesta vino pronto: se había quedado sacando fotos y al ir más lento la guía salió pensando que llevaba a todo el grupo delante. Apagaron las luces que iluminaban la cueva... y mi compañero tuvo que hacer el camino restante hasta la salida a oscuras, tanteando las paredes. A mí me sucede eso y me da un pasmo.
El tren que nos llevaba a mi compañera y a mí de vuelta a Kosice salía de Poprad-Tatry. Mis otros dos compañeros volvían en coche a Nitra, así que poco antes de la salida del tren queríamos ir a tomar algo. Vimos un bar cerca de la estación y allí fuimos, con mi compañera encabezando el grupo. Entró en el bar y todos la seguíamos, pero se dio la vuelta de la misma: el bar estaba repleto de soldados con pinta de no haber visto a una chica en meses. Uff!! Sin comentarios.
Y ya en el tren, una de tantas anécdotas con la gente que comparte compartimento, con la que casi siempre terminábamos hablando. Tengo buenos recuerdos de esos viajes. En el compartimento, aparte de nosotras, había un chico joven y bastante guapo vestido con pantalones cortos y camiseta, que no dejaba de mirarnos fijamente y sin ningun reparo. A su lado, una niña idéntica a él, también mirándonos fijamente (yo llegué a decir que parecía la niña del exorcista). Nosotras hablando en castellano, de cachondeo, sorprendidas del descaro con que miraban, y maquinando cómo entablar conversación. Bueno, pues de la manera más tonta empezamos a hablar con la niña, y enseguida se unió el chico. Que si no entendía español pero su padre lo había estudiado, que si era de Kosice, que si patatín, que si patatán. Hasta que le preguntamos por su hermana, esa niña de la mirada fija que estaba a su lado. Y mira tú por dónde que va el chico y nos dice que... no era su hermana, que era su hija. Desde entonces le bautizamos como "el eslovaco precoz".
No soy futbolera, pero el sábado tuvimos una ocasión para pasarlo muy bien con la excusa del partido de la selección. Y no por el resultado del partido del omnipresente y todopoderoso fútbol (5-1 a favor de los chicos de Luis Aragonés), sino porque nos reunimos con los amigos. Qué mejor excusa que un partido que parece extasiar a todos para, dejando a los demás en el campo o clavados en la tele, nosotros hablemos de nuestras cosas, comamos y bebamos.
La cita era a las 8 en Callao con nuestros amigos de Madrid y una nueva amiga llamada Anna, precisamente eslovaca, que ha venido a trabajar a Madrid. Ya en el metro nos topamos con un grupo de aficionados jóvenes armados de un bombo, una voz perjudicada por la "pivo" y un repertorio de canciones de apoyo a la selección donde no faltaban alusiones subiditas a "la Leticia con zeta". Llovía a cántaros, así que tras acercarnos a la zona del estadio, sin llegar a ver el estadio del Calderón, nos apostanos en un bar donde ponían unas raciones interesantes (Ñam, ñam). El bar estaba repleto de aficionados de la selección con camisetas, banderas y bufandas (muy útiles dada la nochecita fresca que se avecinaba), la mayoría coreando "a por ellos" o "eslovaco el que no bote". Vi también a una familia pintándose la cara con los colores de la selección, y de repente... entre la marea amarilla y roja... me pareció ver un espejismo de aficionado con los colores eslovacos (rojo, blanco y azul).
Falsa alarma: era un chico con un jersey al hombro de Tommy Hilfiger.

Y no sé si por el efecto de las pivos o la animada conversación, pero dejamos de prestar atención al partido. Al final del encuentro nos enteramos de que habían quedado 5-1. La manita... y para los eslovacos el gol de la honra. Pero como he dicho, el resultado era lo de menos, al menos para mí. Hubo algún que otro pacharán... Pero que conste que todo lo hacíamos porque Anna probará gastronomía spanish. ;-) Poco después de acabar el partido, nos fuimos camino de la zona de Huertas, para tomar un mojito en algún sitio. Por el camino nos encontramos a un grupillo de aficionados eslovacos con bandera incluida y comprobé que mi eslovaco ha quedado por la profundidad de la línea 6 de Metro.
Al final estuvimos tomando unos mojitos en un bar, y de vuelta a casa, que ya era suficiente juerga. Pasamos una velada estupenda. Lástima que no fuera el partido del sábado en Bratislava, si no, igual nos habríamos escapado para allá y quizá ver a alguno de mis compis.
Por cierto, vi a dos de ellos en la tele en una entrevista de una reportera desplazada a un bar de Bratislava. ¡Qué casualidad!
Bueno, pues eso, 5-1. ¿Qué pasará en Bratislava? Se admiten apuestas. Próximo capítulo del Španielsko - Slovensko este miércoles.
Bueno, pues al final, tras el empate en Bratislava, los chicos de Aragonés se portaron y van al Mundial de Alemania. El resultado final: 6-2.
Y ahora vamos a lo realmente importante: quedamos otra vez con los amigos en un bar con la excusa de "ver" el partido. Esta vez se nos unió al grupo uno de los ex-compañeros de piso de Dani, al que hacía bastante tiempo que no veíamos. Tras tomar unas suculentas tostas o alguna que otra "male" o "velke pivo", salimos del bar con los estómagos más o menos llenos. No sé si por verdadero hambre o por prolongar la velada, fuimos en dirección a un garito donde sirven el mejor kebab de todo Madrid.
Mala suerte: nos cerraron el garito casi en nuestras narices. No hay que olvidar que era miércoles, pese a la afición de los madrileños por salir entre semana.
Como había algo de hambre, decidimos probar suerte en otro bar, y se nos ocurrió pedir una ración de pimientos. No sé si eran de Padrón, pero francamente lo dudo, porque dicen que los de Padrón unos pican y otros no... y estos picaban casi todos.
Las pruebas que tuvo que pasar el mítico Hércules o la arriesgada carrera mañanera a la caza de sitio en el metro se quedaron como simples pruebecillas de nada. Con el desafío de los pimientos explosivos nos convertimos en verdaderos héroes de la gastronomía patria. La boca nos ardía y los pedazos de pan que engullíamos no parecían quitarnos el fuego de la boca. Mientras yo estaba en la disyuntiva de pedir algún licor fuerte para quitarme el picor, vi como Anna resistía a varios pimientos sin inmutarse. Sin duda, había olvidado el "corazón fuerte" de aquellas tierras y su paprika.
Recomiendo vivamente estos pimientos como anestesia parcial para dentistas. Efectivos, sin duda alguna.
Aparte del Operación Triunfo eslovaco -Superstar -, aún no había hablado de la música que me ha acompañado en los cinco meses que pasé en Eslovaquia. Ha sido una banda sonora que escuchaba siempre al acostarme, en esa noche eslovaca silenciosa y tan temprana en invierno; algunas veces me sorprendía de madrugada, cuando me dormía con la radio puesta y las canciones seguían allí, arropándome. Todos esos conjuntos de notas iban animándome todos los días, primero en los días grises y terriblemente cortos de invierno, y después en la mañanas alegres de primavera o verano, que estallaban en luz demasiado temprano para nuestra costumbre.
La radio que solía escuchar en Košice se llama Radio Express, y era la más "internacional" porque emitía canciones de Robbie Wiliiams ("Misunderstood"), Coldplay, The Rasmus, Eros Ramazzotti, etc. También se oían viejos éxitos de latinos como Shakira, Ricky Martin o Enrique Iglesias, pero eso sí, en inglés. La única canción que escuche en español fue "La tortura", de Shakira y Alejandro Sanz. Aquí ya era un éxito, pero yo la escuché por primera vez estando en Eslovaquia.
Además del "Du hast" de Ramstein, que para siempre asociaré al Aligator , recuerdo sobre todo dos canciones eslovacas muy repetidas en la radio, que me gustan, y que de puro escucharlas ya forman parte de la banda sonora de Kosice: "Par Dni", de Desmod & Zuzana Smatanová, y "Myslim ze moze byt", de IMT Smile.
Así que puedo decir que muchas noches me dormía en brazos de Orfeo y sus canciones (no temais, Eurídice y Dani, lo nuestro no pasó de una simple amistad, y es que el slivovica y las corcheas se suben mucho a la cabeza). Creo que sin estas canciones y sin la compañía de Radio Express me habría sentido, seguro, mucho más sola.
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