Si alguna vez se nos ocurriera, en pleno delirio de frikismo idiomático, elegir cuál fue la frase de nuestro viaje en el puente de mayo por Eslovaquia, creo que se llevaría la palma: "Én kicsit magyarul beszélek" ("Yo hablo un poquito de húngaro"). En efecto, tal frasecilla dicha en el momento y lugar adecuado, producía semejante cambio en nuestros interlocutores húngaros que la tranformación de Mr Hyde se quedaba en simple alteración neuronal pasajera. Lo comprobamos varias veces, por ejemplo ante los severos revisores del metro de Budapest (que van a saco a pillar in fraganti a los pobres turistas). Sacábamos de nuestros bolsillos nuestro billete doblado y redoblado, y tras enseñarlo Dani decía la frase mágicamente escogida, la melodía celestial para los oídos "Én kicsit magyarul beszélek".
Y entonces ya no éramos simples turistas, limpiábamos el rigor del revisor con nuestras palabrillas que actuaban mejor que el Tenn bioalcohol. Aparecía la sonrisa de oreja a oreja en las caras, y enseguida se lanzaban a la verborrea de preguntas: ¿De dónde sois? ¿Estais estudiando aquí? ¿Se estudia húngaro en España?
Para cualquiera es un honor oír chapurrear el idioma de su tierra, aunque sea torpemente, mucho más si el idioma de tus padres no es el onmipotente inglés. Es un intento de entender su realidad, de respetarlos un poco más, de unir el puzzle de las palabras para comunicarse. No importa que sea difícil, es un acercamiento a ellos. Por ejemplo, hay una palabra preciosa en húngaro, mi favorita: "Színház", que significa "teatro". Literalmente significa "casa de colores". Me pareció tan bonito que no se me olvidará.
Autor: dani
Fecha: 30/05/2006 20:19.
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