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Slovensko Tour 2005: Cap. 1. Sorpresa, sorpresa en el tren Košice-Viena

 

El curso había acabado hacía dos semanas, pero aún quedaba por consumir el último cartucho de mi estancia en Eslovaquia. A finales de junio iban a venir Dani con unos amigos de Bilbao a pasar una semana recorriendo Eslovaquia, con incursiones en Polonia y un breve toque musical y de chocolate Sacher en Viena . Acababa de comenzar el viaje que luego bautizamos como Slovensko Tour.

Llevaba esperando este viaje con muchas ganas, así que la mañana en la que salí de Kosice tenía la mochila cargada de ilusión y algunas preguntas: ¿volveríamos a bailar en el infierno irresistible del Aligator en Bratislava? ¿entraría en el misterioso Oravsky Hrad como un temblor ante la sombra de Nosferatu? ¿sería Cracovia una ciudad tan bonita como me habían asegurado?

Logré hacerme entender con una viejita muy amable que me indicó un camino más corto para llegar a la estación de tren mientras se quejaba de la tardanza del bus 13 (estuve por fundar en Krupinská una plataforma de perjudicados por el 13 Riendo). Tomé el tranvía 6 en Anfiteater y media hora más tarde estaba sentada en el tren camino de Viena, nuestra primera escala. Allí me esperaban Dani y nuestros amigos Marta, Ion y Jorge, a quien ciertas personas del gremio de los camareros conocerán en adelante como Pivo Man, pero bueno, esa es otra historia.Guiño

Mis compis de viaje habían planeado aterrizar en Bratislava desde Milán, y después llegar en tren o autobús hasta Viena.

Tenía por delante 8 horitas de viaje en tren dentro de un compartimento a rebosar que no se vaciaría hasta Bratislava. De allí había que esperar unos 10 minutos y después por fin caminito de Viena.

Es increíble lo que hace el aburrimiento y la imaginación humana en 8 horas de viajecito. Al principio empecé con toda mi buena intención a repasar las frases más útiles de un manual de eslovaco español que podían servir para comunicarme. En seguida lo abandoné y me dediqué a imaginarme los lugares irrepetibles que iba a poder recorrer en los días que estaban por venir. Algunos ya se veían desde la ventana. A gran velocidad pasaban verdes alfombras mullidas con alguna mancha de monte Tatra y pueblecito pintoresco. El paisaje era precioso: otro mundo… Después el sopor empezó a cundir y me eché una siestecita, de la que desperté al cuarto de hora por la voz potente del revisor…

A mitad del viaje tuve una llamada de Dani en la que me preguntaba el número del tren en el que viajaba. Respuesta, y nuevamente sopor, sueño…

Cuando el culete ya se empezaba a quedar cuadrado del tiempo sentada, hice una visita a la cafetería, y aproveché para comprobar cómo la gente eslovaca en los trenes habla bajito, casi susurrándose unos a otros, como si la voz se agazapara tímida en los labios. Si nos comparamos con ellos nosotros voceamos al hablar. Pienso que hasta las palabras más duras cortan menos si las moldeamos en voz baja, porque así se puede obrar el milagro y el cristal transformarse en arcilla.

Y fue pasando el tiempo, doblado como los relojes del cuadro de Dalí, derretido en mis entretenimientos improvisados. Al llegar a Bratislava efectivamente casi toda la gente se bajó, y el suave susurro de las voces se fue apagando. Silencio. Me quedé sola en el compartimento y agarré el móvil como entretenimiento desesperado. Alguien entró sin saludar siquiera, y yo jugando con mi móvil y pensando pedazo de maleducado que ni dice “Dobre rano” ni nada. Raro, raro. Yo a lo mío y él mirándome descarado. Uff, que éste va a ser otro como el del viaje Trstena-Košice con Paloma. Al final levanté la mirada y allí estaba Dani enfrente. ¡Sorpresa! Habían conseguido coger mi mismo tren camino de Viena, y según me contaron después la carrerita desde el aeropuerto había sido contrarreloj, digna de los mejores tiempos de Willy Fog en la vuelta al mundo en 80 días.

Fui con Dani al compartimento donde se habían sentado nuestros amigos. Ahora que sí que había comenzado de verdad el Slovensko Tour. En el breve trayecto que quedaba hasta Viena, Dani tuvo oportunidad de comprobar lo bien que se le dan los niños, con dos pequeñajas que, acompañadas por la madre, no paraban de hacer monerías.

 

 

09/06/2006 11:41

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Autor: Pivo Man

Sirva como mera puntualización que volamos Bilbao-Roma (con Vueling) y Roma-Bratislava (con SkyEurope)... en el aeropuerto de Bratislava nos dimos cuenta Dani y yo, gracias a un diccionario de alemán, que podíamos coger tu tren... si íbamos muy rápido...

Fecha: 06/07/2006 21:46.


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