
Antes de poner el pie en Viena , me la había imaginado envuelta en los velos majestuosos de palacios e inmensos jardines. En mayo del año pasado tuve la oportunidad de visitar la ciudad por primera vez, y acompañada por Dani descubrí que todo aquello que me había figurado era cierto: si miras con atención, allí todo es armonioso, cada rincón sigue el compás de la música de la orquesta. Hasta las piedras bailan.
Me sentí como una niña curiosa que, al doblar cada esquina, descubre anonadada algo mucho más colosal, mucho más soberbio de aquello que acertaba a imaginarse. En aquel viaje, sin duda, tuve un encantador empacho de "piedras bien puestas" por todas partes, pero también disfrutamos de un banquete de sabores, sonidos y olores. Por eso, curiosamente, salvo la excepción de Schönbrunn , lo que más recordaré de Viena no serán los monumentos, sino la intensidad del chocolate de la tarta Sacher y las marchas vienesas que invaden de improviso el ambiente y lo alegran. Cada nota musical sonríe, tiñe la mañana de amarillo, de blanco, de luz, y los pies traviesos nos dejan de obedecer.
Quizá fue Schönbrunn el sitio que más me impresionó. Allí los relojes se paran, se retrasan hasta el siglo pasado y, enfundada en un ampuloso vestido, una no quiere más que admirar cada esquina y marcarse un vals lento, tan lento como el baile de las horas creadas por Mozart.
Poco más de un mes después, a finales de junio, me reencontré con Viena como primera etapa de nuestro viaje. Durante 1 día recorrimos sitios ya familiares para mí, como la espectacular catedral que corona el centro monumental. Además, encontré nuevos rincones donde inmortalizar la visita con una foto, como una imponente estatua de Goethe donde posamos como auténticos eruditos decimonónicos.
Y fue en esta segunda ocasión cuando pudimos por fin dar unos pocos pasos del Danubio Azul. Estábamos de nuevo en la sala de baile de Schonbrunn y esta vez no nos lo impidió el vigilante. En ese momento fuimos dos bailarines delicados en una caja de música gigante. ¡Qué pronto se deshizo el hechizo! Pero aún hay días como hoy, hace un minuto aquí en casa, en los que los oídos se nos enganchan en la melodía casual de otro vals. Me pongo de puntillas, me envuelve mi vestido vaporoso... y vuelvo a ser bailarina en Schonbrunn.
Autor: El cojo manteca
Fecha: 09/07/2006 18:11.
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Autor: ENCARNA
Fecha: 27/07/2006 09:54.
Autor: Kaia
Fecha: 27/07/2006 15:31.
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