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Hace poco he incluido en el weblog un cuadro con la predicción del tiempo para 4 de las principales ciudades eslovacas. Esto me ha hecho pensar que podría ser útil algo de vocabulario sobre el tema, por si puede servirle a algún viajero o turista que decida visitar el país. Incluyo entre paréntesis la pronunciación (con símbolos fonéticos que no son standard, para que los puedan entender todos):
Dnes (nies)= hoy
Zajtra (saitra)= mañana
Noc (noch)= noche
Deň (yen)= día
Mrholenie (mjolenie)= lluvias
Jasno (yasno)= despejado
Polooblacno (poloblachno)= nubes y claros
Préhanky (prejanki)= lluvias y claros
Je krásne (ye krasne)= Hace buen tiempo
Je zlé počasie (ye sle pochasie)= Hace mal tiempo
Je zima (ye sima)= Hace frío
Prši (persi)= llueve
Bude snežit´(buye snesich)=Va a nevar
Svieti slnko (esviechi eslenko)= Hace sol
Y ya puestos éstas son las estaciones del año:
Jar (yar)= primavera
Leto (leto)= verano
Jeseň (yesen)= otoño
Zima (sima)= invierno
¿Qué sería de Batman sin su Batmóvil? ¿Cómo llegaría Cenicienta al baile sin su carroza? ¿Cómo se desplazaría un grupo de intrépidos viajeros por la Eslovaquia profunda sin un buen bólido?
Pues ni más ni menos que gracias a su “hado madrino” Peter, y su Skoda Fabia azul eléctrico, un bólido ideado para surcar contra viento y marea el océano verde eslovaco.
Todo comenzó cuando los cinco aguerridos viajeros del Slovensko Tour estaban a punto de abandonar Bratislava para emprender rumbo a Nitra. Sólo faltaba el transporte, que habían encargado previamente con una empresa de coches de alquiler. Llegaron al aeropuerto de Bratislava, donde habían quedado con los responsables de la empresa, pero los minutos pasaban y allí no aparecía nadie. Una de las viajeras aprovechó para comprar una tarjeta telefónica, Batman dijo que mientras se echaría una siestecita colgado de una de las lámparas del techo. Y Cenicienta suspiraba y se aburría mirando el despegar de los aviones.
El tiempo comenzó a esfumarse como el humo del tabaco, los relojes se doblaban como en el cuadro de Dalí…. Comenzaron a pensar que los habían dejado plantados el príncipe para el baile, que había preferido irse con la hermanastra, hasta que se dieron por vencidos.
Pero no tenían todo perdido, ya que les quedaba “el comodín de la llamada” para agenciarse su propia carroza y asistir al baile. Gracias a las profesoras de Tstrena, tenían el teléfono de un hombre llamado Peter, que alquilaba coches en Bratislava a buen precio. Los viajeros llamaron, primero hablando en eslovaco básico y después mejor en inglés avanzado, ya que el “hado madrino” además era políglota. Poco después ya estaban a bordo del bólido rumbo a la Eslovaquia profunda. En el viaje quizá bailarían con príncipes o príncesas, probarían los licores exóticos de frutas secretas, o visitarían lugares con millones de segundos a sus espaldas, pero nunca olvidarían a Peter y su Skoda Fabia azul eléctrico.
Ya sumergidos en pleno Slovensko Tour, pasamos por Nitra. El trayecto lo hicimos hacia el este, con Košice como última etapa. Nitra es la cuarta ciudad más importante de Eslovaquia, que puede presumir de tener un origen remoto, perdido en el siglo IX. Allí visitamos a mi compañera Pati, y tomamos un helado que estaba más que delicioso. De sus calles hay que destacar un casco antiguo lleno de encanto, así como su castillo (“hrad”).
Escapada quizá del castillo y a modo de vestigio medieval, encontramos en medio de una de sus calles una gigantesca Excalibur. Permanecerá para siempre anclada en el suelo, hasta que un Arturo creado de sueño y mito reúna la fuerza necesaria para arrancarla. Tengo documentos gráficos de que hombres robustos como Pivoman lo intentaron, aunque en su caso la “velke pivo” no le dio la fuerza suficiente para superar el reto. En otra ocasión, sin duda.
A continuación nos dirigimos a una villa turística llamada Banska Štiavnica, que conserva aún a pesar del tiempo su esencia medieval, encerrada en cuestas y callejuelas. Esta villa es patrimonio de la Unesco. Allá en medio de un monte, Banska nos deleita con un castillo blanco y rojo, como dibujado por un niño que soñó con palacios de Arabia. En la plaza principal descansa el recuerdo triste de la columna de la peste, entre otros rincones dignos de ver. Por lo demás, está lleno de árboles salpicados de casas de colores pastel, y necesitamos energía, bastante energía para subir sus cuestas. Además, en la oficina de información turística encontraréis gente muy amable.
Y por último Vlkolínec (en la zona de Ružomberok), un pueblecito en el que se inspirarían escritores para ubicar el hogar de los duendes, un pueblo patrimonio de la Unesco desde 1993. Lo componen casas típicas del siglo XVIII con tejados multicolores, y está fielmente custodiado por figuras de madera que, como guardianes eternos, se encargan de velar para que los secretos de Vlkolinec nunca sean desvelados, para que crezcan y mueran allí, para siempre.
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