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Hoy que tengo el día musical me ha dado por recordar dos canciones que aprendimos durante la clase de húngaro, en la Escuela de idiomas de Madrid. Que las disfrutéis.
Csillagok (las estrellas): http://es.youtube.com/watch?v=rb_ClPnaBgo
Iskolatáska (el bolso de la escuela): http://es.youtube.com/watch?v=tGxe2TA3ofw
Se iba acercando el día. Los viajeros del Slovensko Tour 2005 veían cómo Košice estaba cada vez más próximo. Era la meta final del viaje, el lugar donde se despedirían, el sitio exacto en el que dirían adiós, llevándose de vuelta una mochila cargada de fotos y buenos momentos vividos.
Y llegó una tarde en que les tocó por fin subir la cuesta de Kalvaria, esa misma cuesta que la anfitriona viajera kosicera había tenido que subir tantas veces para ir a casa. Por el camino se dispersaban árboles y los pasos del Calvario (de ahí el nombre). Incluso había un campo de hockey junto a una iglesia, un campo de hockey que se ocupaba con la nieve, y que cada vez más usaban los niños para jugar al fútbol.
La calle Krupinská los recibió como se merecían; y aquel ascensor antediluviano y lento, pero que nunca tuvo averías, subió gustoso maletas y viajeros.
Tras aposentarse, repartir habitaciones, etc., el grupo masculino de los viajeros decidió salir a explorar la noche cervecera kosicera, aprovechando sin duda que la luna encendida de Košice les era propicia, y que dormiría pronto, pues el sol salía sobre las 4 de la madrugada.
A la vuelta de la escapada cervecera los chicos contaron su experiencia de contacto con el ambiente pivo-kosicero. A partir de aquí la reportera kosicera recurre a segundas fuentes, pues ella se quedó descansando en casa y no presenció todo lo que aconteció aquella noche en la Hlavna Ulica.
Según fuentes fiables, los chicos, encabezados por Pivoman, estaban tomando unas pivos en una terraza, cuando se les acercaron unos adolescentes nativos intentando entablar conversación. Recurriendo al inglés y al idioma internacional de gestos, lograron entenderse. Gracias a esta conversación consiguieron información valiosa acerca del ambiente kosicero, así como sobre el tipo de fotografías vegetales que pueden ponerse como fondo de móvil.
En un momento dado, sin duda animados por la pivo, el volumen del improvisado grupo fue subiendo. Menos mal que dos policías que estaban patrullando a pie la zona vinieron a poner orden en semejante jaleo internacional. Pidieron silencio. E inmediatamente fueron obedecidos por los adolescentes kosiceros, haciendo honor a su carácter natural de gente que habla bajo, en susurros inaudibles para quienes hablamos casi voceando.
Y esto es todo lo que la viajera sabe acerca de la historia. Doy pie a alguno de los protagonistas para que amplíe o corrija mi versión, que puede estar alterada por el tiempo o por mi tendencia excesiva a poetizar hasta con las piedras.
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