ROJO y AZUL
Boca arriba en el Everest, el superhéroe rascaba el cielo con el pulgar, pero agonizaba de cobardía. Estaba acostumbrado a salvar el mundo, pero salvarse a sí mismo era aún una incógnita.
Podía oír gritos a mil kilómetros, hermanarse con las águilas, despertar en Yakarta y desayunar en Chicago…
Todo era una ecuación de primer grado: el tiempo transparente, el espacio desnudo de secretos…
Pero su omnipotencia le asqueaba. Su corazón sobrehumano imploró por salvarse. La energía brotó de sus mallas rojas y azules. Y le habló de liberación. Se desharía de la máscara estranguladora.
Encontraría fuerza para enfrentarse a su destino y rechazar aquel matrimonio con Lois, una periodiquera contestona que nunca le gustó. Después, se aseguraría de que su madre estuviera sentada, y le confesaría que él, Kar-El, se moría de celos por aquel murciélago estúpido llamado Batman porque era Robin quien le hacía palpitar.
Autor: Daniel
Fecha: 15/08/2009 19:43.
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